Semblanza

fotopau

Un 12 de mayo de 1987 nací, con los ojos abiertos – cuenta mi papá – mirando toda la habitación. Desde entonces, creo que no he dejado de mirar la vida con curiosidad.

Esta curiosidad por querer contemplar el mundo desde sus infinitas perspectivas y  distintas ópticas, me llevó a sentir una atracción enorme por la fotografía. Recuerdo que mi regalo de cumpleaños número 9 fue una Kodak; desde niña llamó mucho mi atención poder captar los instantes, poder registrar. Años más tarde, en mi época universitaria, un gran amor que tuve terminó por reafirmarme que la fotografía era mi vocación. Quizá por lo mismo siempre he sentido un placer tan grande por escribir, porque al final, tanto la fotografía como la escritura, son un modo de registro; en uno es escribir con luz, en otro con tinta. Y cuando logro mezclar ambas a modo de complemento, entonces siento que pude vestir una historia (consecuencia que disfruto)

Creo que mi visión y producción artística están atravesadas por estas pasiones; son como dos ejes conductores que guían mi expresión; y me ayudan a canalizar las emociones que me habitan, y que a veces, deshabitan mi interior.

“Escribir, es aullar sin ruido”, decía Marguerite Duras. Al leerla decir esto, entendí por qué escribir para mí resulta tan sanador. La escritura es este espacio tan íntimo en el que puedo acompañarme a mí misma desde un lugar que es el de las palabras. Puede estar ocurriendo un tornado o una explosión por dentro, y afuera, el silencio. Como diría mi amiga Priscila Vergara: “Afuera el viento y dentro, la vida bulle”. Escribir es el contraste de estar en silencio hacia fuera, con lo que pasa dentro.

Esto me lleva a remontarme a la primaria; cuando comenzó todo. Si viajo en reversa hasta donde mi memoria alcanza… puedo verme sentada en clase, la maestra hablando y yo mirando por la ventana. Sí, dispersa, y mi imaginación, indomable. Como bien lo diría Borges: “… una irresponsable licencia de la imaginación”. En ocasiones, a media clase venía una idea a mi mente y tenía que dejar de tomar apuntes, voltear rápidamente el cuaderno, buscar la hoja de hasta atrás y empezar a escribir lo que la inspiración me dictaba tan a prisa; no podía esperar.

Llegué a Secundaria, luego a Prepa… y esta tradición seguía vigente, era irremediable, pero esta vez con un nuevo toque: también empecé a escribir rap. Le compuse algo de broma a mi amiga Isabel por su cumpleaños y de repente, amigas del salón de Área 4, empezaron a pedirme una canción con su historia; llegó un punto en el que compañeras de otros salones, me encontraban en el patio o en los pasillos y llegaban a pedirme que les compusiera algo personalizado. Siempre me ha fascinado tejer las palabras, y cuando falta ha hecho, arroparme con ellas.

Una terapeuta alguna vez me dijo: “A veces pienso que si pudiera asomarme al interior de tu mente, vería miles y miles de letras bordándose, bordándote; tu comprendes mejor el mundo desde las palabras”.

Fue en último año de prepa, cuando aquella semilla en potencia de interés por las humanidades, germinó instintivamente. La clase de filosofía era mi parte favorita del día; no me la perdía, porque para mí no había algo más interesante que esa hora.

A los 18, me veo en el año 2006 recién graduada, yéndome a vivir a Vancouver un semestre; ahí tomé un curso de fotografía en Langara College. Volví a México para entrar a la Universidad Anáhuac a la carrera de Comunicación, tres semestres después tuve un accidente con mi hermana, perdió el control del coche al tratar de esquivar un perro y nos volteamos. Ese evento me sacudió más de lo que contemplé. Me cambié a la Universidad Iberoamericana, a la misma carrera, ya que era feliz en la Anáhuac pero tenía ganas de estudiar en una facultad más grande; justo la palabra “Universidad” viene de: “universo”; tenía hambre de ampliar mi universo.

Durante el trámite de revalidación de materias, me inscribí a un diplomado que se titulaba “Una Historia Irreverente de la Filosofía” en el Centro Cultural Helénico, con Juan Miguel Zunzunegui como profesor -un personaje de la vida real- Y en definitiva, fue en este lapso que terminé de descubrir el poder de las palabras y la magia que cobraban en mí.

Una noche, salí de clase con la mente inquieta lloviéndome una catarata de paradojas. Recuerdo que iba manejando en medio del tráfico. Las ideas empezaron a brotar hasta desbordarse de mi mente y no sabía dónde sostenerlas, no tenía dónde anotar, sentí que debía contenerlas, antes de que se hicieran efímeras. Así es que busqué un café sobre las próximas cuadras y me estacioné en el primero que vi; Y sobre una servilleta, escribí mi primer poema. Lo titulé: “Qué peligro”. Hablaba sobre la vida y sus contrastes tan simultáneos; sobre el peligro y el milagro de estar vivo. Desde ese día, empecé a escribir poesía.

Ingresé a la Universidad Iberoamericana a continuar mi carrera en Comunicación y en quinto semestre me fui de intercambio a estudiar a Buenos Aires, a la Facultad de Ciencias Sociales, donde estudié la Cultura Popular y la Cultura Masiva y aprendí de Teoría Crítica, estos temas siempre me han volado la cabeza. Estando de vuelta en México, elegí el subsistema de Cine, rindiendo honor a aquella pasión que despierta en mí la fotografía: fija y en movimiento.

Cursando mi último semestre de la carrera, me enteré de un proyecto documental de la UNAM, en la cárcel de mujeres de Santa Marta Acatitla. Se haría un registro audiovisual sobre cómo las reclusas, se apropian de los muros que las encierran, usando el arte como plataforma de denuncia; ellas denunciadas, también pudiendo denunciar, a través del muralismo. Era la toma de la pared y la toma de la palabra.

Me apasionó tanto el tema, que fui a buscar a la torre de humanidades de la UNAM a la directora del proyecto y le solicité poder tener algún tipo de colaboración en el mismo. Tuve la fortuna de ser la fotógrafa -justamente el rol que soñaba- Esto, debido a la generosidad y ayuda de esta auténtica y valiosa directora del Programa Universitario de Estudios de Género: Marisa Belausteguigoitia, antes obviamente que a méritos míos. Creo que fui vista por ella como una promesa. Y así caí en el mundo del documental. Encontré en la expresión audiovisual, mi lenguaje.

Me gradué de la carrera en el 2013 y a mediados del mismo año, terminó la producción. Un par de meses más tarde se proyectó en la Cineteca Nacional con el nombre de “Nos pintamos solas”, ganó premios.

Comencé a tocar puerta en algunas productoras y el 29 de julio de ese año, entré por primera vez al mundo de la nómina, con 8 horas de jornada laboral, mismas que sobre la marcha, te vas dando cuenta que se convierten en 12. A partir de eso, lo que siga puede ser un rosario de instituciones recorridas, a veces en un cambio voluntario, otras por un cambio forzado o quizá debido a la seductora sospecha de una ocasión para mejorar.

En el inter, como proyectos complementarios alternos al mundo laboral, me he inscrito a talleres, seminarios o diplomados de Desarrollo Humano, Post-estructuralismo, Documental, Guion, Cinefotografía, Historia del Cine Universal, Filosofía, Psicoanálisis en el Cine… Con los años he podido darme cuenta que casi todo eso contiene mucho de frágil y transitoria rutina pero entonces he preferido creer que mediante el esfuerzo constante de actualizarme en las áreas que me apasionan, puedo aportarle algo al mundo de regreso.

En Marzo del 2017 decidí emprender y abrir mi propia Productora Audiovisual, que resultó ser de las mejores decisiones que (me) he hecho en la vida. Ser Realizadora Audiovisual y Documentalista es lo que me hace encontrarle sentido al ámbito laboral, ya que cuando amas lo que haces, el trabajo se vuelve un placer. Y hablando de placeres, que no precisamente son trabajo… He aquí esta página de poesía, un nuevo proyecto recién horneado; fruto de inspiración de 10 años, que a lo largo del camino ha sido mi válvula de escape, ayudándome a fugar emociones, a amar mejor, a imprimirme en cada letra, a cerrarme las heridas, a sanar.

Me llena de gratitud poder compartirlo, ojalá lo disfruten.

 

Un pensamiento en “Semblanza

Deja un comentario