Miércoles 16 de noviembre de 2016
Empezar a aceptar
tu renuncia,
no significa
que ya me importes menos,
o que ya te ame menos.
Significa
dejar de luchar
en contraflujo de la realidad
y brindar cierto reposo
al desgaste emocional,
invertido en esta lucha
tan unilateral,
de objetivo pasivo
y de causa esquizofrénica.
Significa respetarte,
y a tu voluntad.
Aceptar tu partida,
no significa
estar de acuerdo con el resultado.
Todo y más hubiera dado,
porque te hubieras quedado
y haberme hecho vieja a tu lado.
Mi amor por ti sigue vivo,
y ese es mío,
ese no se va;
Pero quizá deba seguirte amando
desde otro lugar.
Desde esa frontera
de la resignación,
donde se pisa la distancia,
donde se cambia de dimensión;
Donde se inhala la nostalgia
y se exhala aceptación.
Es adecuar a mis pulmones
a otra forma de respiración,
para no seguirme asfixiando
con el dióxido de carbono:
inhalando lo que respiramos ayer.
Lo inhalado a tu lado;
reciclado.
Hoy es dióxido,
hoy es tóxico.
Es atreverme a respirar
en otra atmósfera,
es entrenar al corazón
a otro motivo de palpitación.
Y es que eso implica retirarme,
y cuánto pesa hacerme a un lado.
Y entonces, pulverizarme,
y convertirme en tu pasado.
Es dejar de lidiar
contra las olas de mi mar-adentro.
Es aceptar el flujo
que trae esta nueva corriente;
y abrir – me
y flotar – me
en la dirección que hoy trae el viento.
Es dejar de pelear
con el tiempo,
y el inmanente cambio
que arrastra consigo.
Dejar de verme contigo,
y de aferrarme a que sólo
tú seas mi hombre, Rodrigo.
El desapego budista
me pone en constante prueba
y aquí es donde mi alma siempre reprueba,
y que no puedo soltarte, siempre me comprueba;
Nunca estaré lista para verte pasar sin mí,
eso estremece,
pero la vida no espera a que yo esté preparada,
sólo acontece.
Es verte pasar sin poder frenar;
y asimilar.

PH. ANA PAULA BARRIOS. «AUNQUE NO QUIERA». MEXICO, MICHOACAN, ENERO 2018