Jueves 4 de febrero de 2016
En el horizonte de la memoria
se difumina la silueta de tu recuerdo.
Se vislumbra en forma de reflejo,
centellando rápidamente,
como si amenazara con desvanecerse,
con el riesgo enorme de desaparecer.
¿Y si sí te has ido ya?
Y mi esquizofrenia aferrada,
llena de cobardía,
sólo se encarga
de empañar cualquier posible claridad
y de alejarme
de todo contacto con la realidad.
Quizá la única forma de desempañar,
sea atreverme a asomarme a lo que hoy es.
Hacer contacto con la tierra del presente,
para darme cuenta que estas completamente ausente.
Tanto,
que ha perdido fuerza el eco que resuena
en la habitación de mi memoria.
Llanto,
el que se genera, en cuanto el rayo truena
cuando encuentro en pausa nuestra historia.
Vaya pausa dilatada,
que quizá confundo con el fin.
Sospecho que no estas más
pero me da terror cerrar la puerta.
Por eso aunque no estés,
me mantengo alerta,
por si pronto me extrañas,
la encuentres abierta.
Por eso, en las noches
duermo despierta,
porque me atormenta
no sentirte cerca.
Cómo lograr el sueño profundo
si hoy está de cabeza todo mi mundo.
Tú eras mi plataforma
y hoy no hallo rastro
de suelo firme en esta postguerra.
El sentido se deforma;
sólo me arrastro
buscando islotes de sólida tierra.
Sobrevivo esquivando
las últimas bombas que estallan recuerdos:
momentos dorados, aparecen mutilados.
Calambres en la memoria.
La noche se atreve
a exhibir las grietas del tiempo.
Me lastima recordarte,
pero duele mucho más
la posibilidad de olvidarte.
No hay dónde dejar este destino,
no me seduce ningún otro camino.
Después del referente de amor tan alto
que en mí dejaste;
no hay compañero de vida complaciente,
(o que a mí me baste).
No quiero cambiar de héroe,
tú eres mi favorito;
el único con el poder
de hacerme sentir a salvo.
Otros me pretenden,
y aunque son caricias al ego
—que hoy está marchito—
no puedo mirarlos como contigo aprendí.
Lleva tus manos vacías mujer,
mantente liberada para lo que venga,
me dicen los ajenos,
…Y mantén tu fe encendida,
para que nada te detenga.
Pero ellos no entienden que
no hay hipnosis que me duerma
el miedo de engendrar un hijo que
no provenga de tu esperma.
Y así, pasan más días
trenzados con noches,
que se van tejiendo
bajo el imparable ritmo del avance.
Detener las horas no está a mi alcance;
se entretejen inmanentes,
entre el transcurrir del tiempo.
—No me esperan—.
Hasta que hoy eres lo que se asoma;
lo que se proyecta hacia la lejanía,
lo que despunta en la línea de nuestra frontera,
lo que está allá, y también está aquí.
Lo que aparece desdibujado,
lo que se murmura,
lo que se intuye,
lo que desde el alma bulle.
Eres lo que está
a la orilla de mi sueño.
Lo que está latente
en el campo visual de mi mente.
Lo que es visible en la invisibilidad.
Lo que hoy sólo se ve con los ojos cerrados.
Lo que aparece inminente.
Lo que se advierte,
pero no se distingue con claridad.
—Y no precisamente por la obscuridad—
Es el tiempo,
el que hace que hoy estés fuera de foco,
pero aunque estés borroso, no te borras.
