Domingo 17 de mayo de 2009
Un día fui para ti joya fina difícil de encontrar,
luego descubriste otra piedra que cautivó tu mirar,
me empezó a desplazar,
hasta que suplió mi lugar.
Enaltécete con esa piedra preciosa,
pero enriquécete en verdad,
excavador aventurero
tan fácil de deslumbrar.
Avaricioso minero,
que no busca sin encontrar.
Insatisfecho obrero,
que no se cansa de cavar.
No te basta encontrar un diamante,
eres polígamo amante
porque aunque sea el más brillante,
tú insistirás en poseer más.
Espíritu voraz
que peca de gula hambrienta
y a toda mujer sedienta
te la apropias como alhaja.
Para que adorne tu ego,
tan dependiente de este apego.
La dominas cual baraja,
te le encajas cual navaja.
Ahora que has hallado una piedra radiante
que te ha deslumbrado y dejado delirante,
mírala como fin último y no intermedio
—aunque creo que para tu avidez, no habrá remedio—.
Fúndete en diamantes,
revístete de joyas,
conquista cuantas piedras puedas,
recolecta cuantas gemas quieras.
Y que caigan enteras
como monedas,
en los ambiciosos bolsillos
de tu mortífera retórica.
Pero a mí
no me coleccionarás más,
porque de ser partícipe de una captura tuya,
ahora al ser consciente, yo sería incapaz.
