BELLEZA NEGRA

Viernes 16 de enero de 2009

De la vela, no la luz, sino la ardiente cera
que con el contacto hiere
y con el mismo, sella.

Sellador de sensaciones inexpertas,
de sedientas emociones aprendices.

Proveedor de ilusión,
íntimo de la ficción.
Sepulturero enemigo de la idea
de hacer tomar tierra a la figuración.

Del mar, no el paisaje de su oleaje,
sino lo aparentemente amigable,
pero sutilmente desafiable.
Lo llamativo de su grandeza,
que ciega lo salvaje de su naturaleza.

De la noche, no la pintura sacudida
sobre lienzo negro como arte de acción;
sino el terror de su obscuridad
y su condición de soledad,
que ahuyenta toda pasión.

Del perfume, no su fragancia,
sino el fijador aglutinante,
que en solución alcohólica
actúa como conservante.

Del bosque, no con la naturaleza su inmediación,
sino su magnitud,
que genera agorafobia y desorientación.

De la luna, no sólo su brillante seducción,
sino también su magnetismo,
que de marea es provocación.

Del piano, no la magia de su melodía,
sino lo pesado de su anatomía.

Eres belleza diferente,
recuerdo permanente.
Belleza extraña,
que al corazón empaña.

Belleza negra,
que quizá no alegra,
pero que a crecer enseña,
y que en enseñar se empeña.

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